Como arquitectos tenemos la obligación de crear un escenario vital para el hombre, por eso se le debe considerar al individuo como centro de acción y su hábitat como escenario donde desarrolla sus actividades. Nos encargamos, precisamente, de armar este maravilloso escenario para la vida cotidiana.
La arquitectura es la acción interactiva entre distintas disciplinas que influyen en el bienestar “ser y estar bien”. Nosotros apuntamos hacia una visión holística, integral, entera, proponiendo una mirada estructural tendiente a mejorar la vida del usuario respondiendo a sus necesidades básicas.
Construir quiere decir originariamente “habitar”. La relación entre hombre y espacio no es otra cosa que el habitar esencialmente pensado. Heidegger nos dice: “sólo si nosotros tenemos el poder de habitar, podemos construir”.
Quizá no tenemos el poder de cambiar el macro-entorno, pero sí de prevenir determinados elementos y actuar sobre nuestra realidad más inmediata y personal refiriéndome a los espacios vitales donde pasamos la mayor parte del tiempo: la casa, los lugares de trabajo, de recreación, escuelas, hospitales, espacios públicos, etc. Aquí es donde nos empezamos a cuestionarnos qué hacer para mejorar la calidad de vida. Debemos aprender a ver desde diferentes puntos de vista, reflexionar sobre la realidad del hombre y ver más allá de la simple arquitectura armando rompecabezas con las condiciones externas e internas que recibe el hombre. La observación de alguien es esencial para lograr que esa visión holística se manifieste y se vuelva efectiva.
En la actualidad el término calidad de vida ya no es foráneo a la arquitectura sino que se complementan. No podemos simplemente diseñar por diseñar, también hay que tomar en cuenta al usuario y su desenvolvimiento en el espacio.

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