El hombre siempre busca la trascendencia, busca dejar marcada su huella en el mundo. Ejemplo de ello son las pirámides. A partir de esta búsqueda inalcanzable, surge la arquitectura, que podemos decir que surge desde que el primer hombre se introduce a la primera cueva y pinta las paredes, transformando el espacio y haciéndolo suyo.
La arquitectura parte de consagrar (separar algo de lo cotidiano) un espacio, de ahí su aspecto simbólico. Es una manifestación de lo que somos nosotros. En ella existe lo universal y lo individual. La arquitectura se basa en las necesidades de la época y la sociedad.
Como arquitectos expresamos experiencias de nuestra vida, lo cual le va brindando esa identidad a los proyectos que realicemos. El simple hecho de seguir modas solo para estar actualizados nos convertiría en ovejas que siguen a un rebaño.
Todo el mundo quiere identidad. El arquitecto, el edificio, el cliente, etc. En el medio que nos desarrollamos, desde que el estudiante conoce los distintos estilos quiere aferrarse a uno, cubismo, minimalismo, desconstructivismo, postmoderno, etc. Hay que entender, antes de identificarnos con un estilo, que estos son resultados de grandes cambios sociales: culturales y económicos.
La generalidad de edificios urbanos es un plagio de estilos extranjeros, copias burdas, descaradas y fruto de una cultura constructiva ignorante. Cada uno de nosotros trata de hacerse ver en nuestras obras, pero aforrándose a principios teóricos y prácticos aplicables en nuestra cultura. El problema de trabajar con estilos en estas latitudes es que el mismo se debe adaptar a las condiciones nuestras, entonces de desnaturaliza, pierde fuerza, esencia, pierde IDENTIDAD. Nuestra cultura tiene características singulares así como nuestro clima y esto exige respuestas arquitectónicas que solo nosotros podemos darle... ES NUESTRA TAREA

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