Ubicado en Naucalpan, Estado de México en 1985. Se crea un espacio adaptado al hombre de acuerdo a sus necesidades ambientales, físicas y psicológicas.
El caos que impera en las grandes ciudades hace difícil imaginar cómo fue el primer contacto del hombre con su entorno para habitarlo. Por esto, la bioarquitectura diseñada por Javier Senosiain ofrece una ventana a ese pasado en el que el ser humano ocupa en forma integrada un sitio de su hábitat.
En esa búsqueda del origen del hogar del hombre, Senosiain pretende contribuir con la creación de espacios más confortables. Se inspiraba en la naturaleza y buscaba espacios semejantes al claustro materno, a los refugios animales y al del hombre que en un principio vivía en las cavernas sin modificar su medio. También buscaba crear espacios amplios, integrales, liberadores de luces, formas cambiantes que sigan el ritmo natural de los movimientos del hombre y donde el mobiliario facilite la circulación y aproveche gran parte del área.
En comparación con una obra convencional, estas creaciones orgánicas resultan 10 por ciento más caras, aunque hay que tomar en cuenta que los muebles ya están incluidos; el tiempo invertido en la construcción es prácticamente el mismo; y en cuanto al aprovechamiento de espacios, las formas curvas se prestan para utilizar el perímetro como zona de amueblado, dejando al centro una circulación más dinámica.

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